Con 7.000 millones de personas, el mundo en ocasiones puede verse como un lugar abarrotado. Pero si tomamos en cuenta los cálculos más recientes, entonces en menos de un siglo va a parecerlo incluso más… de hecho, hablamos de un aumento del 50%. Una cifra tan alta comprensiblemente genera una pregunta importante, una con la que hemos estado luchando desde que Thomas Malthus, como todo el mundo sabe, predijo que el aumento en la población daría lugar a una crisis alimentaria: ¿puede la oferta de alimentos del mundo seguir supliendo la demanda?

El Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el jueves, podría ser un buen momento para analizar esta pregunta. Y por primera vez, parece que en realidad hay buenas noticias en la lucha contra el hambre global.
Pero cualquier intento por comprender la magnitud del reto en su totalidad (y formular maneras en las que podamos cumplirlo) debería comenzar con cinco números clave:
805 millones: el número de personas que padecen de hambre crónica. Si bien este número se ha reducido un 11% durante la última década, todavía representa una proporción inaceptable de la población mundial.
10.950 millones: el número de personas que las Naciones Unidas piensa van a haber en el mundo para el año 2100. Esto representa un número mayor al de cálculos anteriores, que habían asegurado que la población humana se estabilizaría más o menos en 2050 en aproximadamente 9.500 millones. Gran parte de este nuevo crecimiento se está produciendo en África subsahariana, donde las familias siguen siendo numerosas y la mortalidad por el VIH se ha reducido.

33: el porcentaje de los alimentos del mundo que se desperdician antes de ser consumidos por un ser humano. En el hemisferio sur, este desperdicio ocurre gracias a la ineficiencia en el procesamiento y las instalaciones de almacenamiento. En el hemisferio norte, los culpables son los consumidores y minoristas. Las Naciones Unidas calculan que el desperdicio mundial de alimentos tiene un costo de 2,6 billones de dólares al año.
2.512 mil millones: el número de toneladas de alimentos que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación espera que los agricultores del mundo cosechen este año. Si esta proyección se hace realidad, vamos a estar dentro del .50% del año más abundante del mundo en la historia.

2.868: el número de calorías alimenticias disponibles por persona al día en 2011 en nuestro planeta, el último años para el cual hay datos disponibles. Este número en realidad ha estado en aumento, lo que sugiere que la cantidad de alimentos producidos por persona se ha incrementado a un ritmo constante (en 1990, la cifra era de 2.619 calorías alimenticias por persona al día). Este crecimiento en productividad es especialmente notable, considerando que la población de la Tierra aumentó en más o menos 2.000 millones de personas durante este período. Lo más importante es que el número de calorías por persona al día nos dice que no hay suficiente comida en el planeta para todos nosotros.

Por supuesto, los dos primeros números pintan un cuadro preocupante de los posibles retos que el mundo enfrenta en cuanto a la seguridad alimentaria y a la sostenibilidad. Y cuando a esto le sumamos las incertidumbres del cambio climático, entonces la tarea de planificar e implementar de manera efectiva sistemas y políticas que asegurarán que en el futuro, todos reciban una dieta adecuada parece ser tarea difícil.
Pero las otras cifras cuentan una historia distinta, y dan lugar a un poco de optimismo.

¿Por qué? Porque básicamente, los datos nos muestran que tenemos suficiente comida. No nos estamos enfrentando a un irrefutable monstruo Malthusiano. Además, estos números demuestran que el hambre es una cuestión de política pública y de comportamiento cotidiano, y sugiere que el colapso social, la hambruna generalizada y la destitución nunca deberían haber sido consideradas como inevitables en un mundo que desperdicia un tercio de sus alimentos.
En última instancia, estos cinco números nos dicen que el hambre es un problema que tiene solución. Sí, las hambrunas, las sequías y los disturbios alimentarios aparecerán cada vez más en los titulares en las próximas décadas. Pero esto no debe distraernos de lo subyacente: el mundo puede tener un futuro con una buena alimentación, uno donde todos tengan suficiente para comer.